Las raices más profundas nacen en los años más duros.
En el mail anterior te hablé de una frase que se quedó rondando en mi cabeza:
“Nadie sabe que es un pobrecito… hasta que alguien le tiene lástima.”
— Talma B.
Hablamos de cómo, muchas veces, nos tenemos lástima sin darnos cuenta.
De lo fácil que es caer en esa trampa —especialmente cuando las cosas no salen como queremos.
Hoy quiero retomar esa frase…
Pero desde otro ángulo.
Porque también es vital no tener lástima por nuestros hijos.
Aunque pongan carita de gato con botas o cachorrito mojado.
Y como te prometí, aquí tienes una historia que puedes contarles a ellos:
🌳 La historia del árbol y las raíces profundas
Dicen que un día, un niño paseaba con su abuelo por el bosque.
Se detuvieron junto a un gran árbol talado.
Solo quedaba el tronco, con sus aros concéntricos marcando el paso del tiempo.
El niño, curioso, acarició la corteza y preguntó:
— Abuelo, ¿es cierto que según los aros podemos saber cuántos años vivió?
— Sí —respondió el abuelo—.
Y también si fue un año de abundancia o de sequía.
Cuando hay lluvia, el árbol crece más (y la distancia dentre los circulos es más grande)
Cuando hay sequía… crece muy poco (y eso también se ve en el tronco porque la circunferencia es muy delgada).
El niño se quedó mirando en silencio.
Y entonces dijo:
— Mira, cuando este árbol era muy muy pequeño… hubo una gran sequía.
El abuelo sonrió:
— Es verdad.
Y fue precisamente esa sequía la que seguramente le obligó a sus raíces a buscar más profundo.
A ir más allá de lo fácil, para encontrar el agua escondida.
Por eso creció tanto.
Por eso fue tan fuerte.

🌱 Puedes usar esta historia para hablar con tus hijos de...
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Las enfermedades o diagnósticos que tienen.
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Las dificulatdades que han superado
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Y cómo eso no los ha debilitado… sino fortalecido por dentro
Porque hay niños y niñas que han vivido sus propias sequías.
O adolescentes que la están viviendo.
Y muchas veces, sin querer, los adultos los miramos desde la pena.
Pensamos “pobrecito”.
Y esa mirada se les queda pegada en la piel.
Pero lo que más necesitan no es compasión.
Es confianza.
Es que les ayudemos transitar las dificultades no que les rescatemos de ellas.
Y que, incluso en los años difíciles… pueden seguir echando raíces.
La compasión es una acompañamiento desde la "superioridad" y les incapacita.
Espero que esta sencilla historia sea suficiente para sembrar esta idea que es tan importante...
Un abrazo con raíces profundas,
Angélica Joya
Pd. Si acompañas adultos o trabajas con niños o familias ...
Y este enfoque te resuena…
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