Cuando el día se tuerce
Y el poder del último momento antes de dormir
Este domingo fue uno de esos días en los que hicimos mil y una cosas.
Estaba sola con los tres.
Surfeando situaciones bastante bien, la verdad…
aunque con la cabeza a 200 por hora y la energía bajita, bajita (primer día de regla, por solo decir una cosa).
Ya estábamos en la recta final del día, cuando sonó un ruido fuerte y seco desde la cocina.
De esos que te activan todos los sensores internos a la vez.
Uno de nuestros boles de barro colombianos acababa de caer al suelo.
De los que trajimos desde allí.
De los que cuidamos mucho.
De los que no son “solo un bol”.
Respiré profundo.
Muy profundo.
Mientras me repetía por dentro:
“Es solo un bol. Es más importante su autoestima.”
Y dije, con voz lo más neutra posible:
— "¿Qué ha pasado, amor?"
Uno de sus hermanos respondió rápido y sin filtros 🙄:
— "Que lo tiró al fregadero sin cuidado y se cayó al suelo".
Ella bajó la cabeza, y dijo avergonzada:
— "Se me cayó…"
Yo le repondí:
— "Vale. Recoge la comida, tira el bol y sube a terminar de alistarte para dormir porfavor".
No grité.
Pero estoy bastante segura de que en mi cara se notaba la contención… y la decepción.

Ahí quedó la escena.
O eso parecía.
Porque el momento importante llegó antes de dormir.
Ahí cuando todo se relaja y esas emociones/pensamientos, que a veces pasamos de largo durante el día, encuentran un espacio para salir: nuestra peque lloró.
Lo hizo con pena de verdad.
Me dijo que estaba triste, porque sabía que el bol era importante y difícil de traer a Barcelona.
Y yo, esta vez sin suavizarlo pero muy tranquila, le dije:
— "Sí, cariño. Es verdad, era importante. Lo trajimos desde Colombia y eso implica mucho esfuerzo. Gracias por darte cuenta de eso".
Luego le mire con cariño y le pregunte:
— Pero ¿Sabes una cosa? ¿Quieres saber lo importante que era ese bol para mí comparado con lo importante que eres tú?
— "No, mamá…"
— "Pues saca el microscopio 🔬, porque es tan pequeñito que no lo vemos a simple vista".
Y ahí apareció.
Esa sonrisa inmediata.

De alivio, de sentirse vista y de saber que el error no la define.
Y pensé en algo que veo constantemente en las familias (y en mí misma):
A veces el día se tuerce.
Las rutinas se complican.
Hay cansancio, prisas, hormonas y mil cosas que suben la tensión.
Pero el último momento antes de dormir es de oro.
De eso va este correo de hoy.. de recordar que
Aunque la tarde haya sido un caos.
Hayas gritado o "deseperado" más de lo que te gustaría...
Ese instante antes de dormir es una oportunidad.. porque tiene un poder enorme para reparar, resetear y dejar huella.
No quiero decir que aprovechar ese momento sea fácil, solo que vale la pena.
🔄 Truquito:
Ese día, antes de entrar en su habitación, respiré profundo, me dije: "Modo reset activado" y me visualice a mi misma entrando acabando el dia a su lado tranquila y presente.
Y ahora te pregunto a ti
¿En una escala de 1 a 10 cómo de satisfecha estás con tus rutinas en casa?
Seguramente has intentando varias cosas para mejorar el ambiente pero las rutinas tienen más capas de las que parecen y a veces entramos en un bucle difícil de romper.
Por eso he creado algo muy sencillo y revelador que traigo hoy en primicia para ti que inviertes tiempo en leer mis e-mails.
Es un test corto, gratis y muy potente para ayudarte a ver con claridad el principal obstáculo que impide que las rutinas fluyan en tu familia.
Si te apetece analizar tus rutinas de cerca hazlo cuanto antes, estoy segura que te dará claridad.
Quiero entender mis rutinas ya
Un abrazo grande,
Angélica Joya
Psicóloga, madre de 3 y defensora oficial del “modo reset” nocturno.
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